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¿Qué es Un Curso de Milagros?

          ¿Por qué Un Curso de Milagros?

Me han salido estas preguntas por ser las que una persona pueda hacerse al recibir por primera vez la noticia de la existencia de este libro, o tal vez, la invitación para asistir a una charla sobre el Curso.

Pues bien, para mí contiene el método suficiente para llegar a conocer las respuestas a las preguntas que normalmente no nos hacemos en público: ¿Quién o qué soy? ¿Donde estoy? y ¿Qué hago aquí?

Nos suena pretencioso que alguien o algo trate de responderlas solamente porque nadie aquí cree, que se puedan contestar de una forma satisfactoria. En realidad, nunca estuvieron ocultas, sencillamente porque la verdad no puede ocultarse. ¿O qué?

El Curso está lleno de obviedades como esas. Obviedades a las que hemos dado la espalda para poder sostener este mundo absurdo incompatible con la verdad que la razón nos muestra.

¿Qué puede ocultar la verdad? ¿Tal vez la mentira? ¿El mal? ¿Elementos oscuros y poderosos? Los guiones de cine están llenos de posibilidades con nombres extraordinarios, pero; ¿Qué entidad puede ser consistente y real, y no ser verdad? Y si es verdad como necesaria mente debe ser algo que tenga efectos ¿Cómo puede ocultarse a ella misma? Frente a esto nos quedamos colgados esperando una respuesta que compatibilice lo que vemos y sentimos con lo que la razón nos muestra. Y eso no puede ser. Son dos vías que jamás de cruzarán, porque una es verdad y la otra no. La una existe, la otra no.

Definitivamente, la verdad no puede ocultarse y si no la vemos debemos estar locos, dormidos o hemos pedido la cabeza. Tal vez todo a la vez. Esa es la otra obviedad. Pues bien, eso puede ser el Curso; un tratado de obviedades que incluye el método para  recuperar el conocimiento de la verdad que habíamos olvidado.

Un Cuso de Milagros no es el tratado de una nueva religión. Definitivamente. Usa no obstante, la terminología cristiana porque va dirigido a la civilización occidental y somos culturalmente cristianos. Hasta ahí. Ni siquiera los términos que rescata tienen el mismo significado, como se descubre y aprende con su estudio.

Es un método gozoso pues es la vuelta a nuestro Origen. Eso sí, está dirigido solamente para el que sospeche que aquí le falta algo, para los insatisfechos, para los que se sientan extraterrestres en este mundo. El propósito de este mundo es que aprendas a conocerte a ti mismo. (16.3.4.1)

Ésta es mi invitación para los que quieren oír. La extiendo en nombre de esa verdad que quiere ser reconocida, para los que la pidieron alguna vez, aunque ahora no puedan ni recordarlo.

JOSE LUIS MOLINA
Desde niño viví bastante desconectado de mi entorno. No era bueno en nada; ni en los estudios destacaba ni en los juegos infantiles, ni seguramente como hijo, ya que jamás recuerdo que mis padres me felicitaran por nada, por el contrario, más recuerdo las reprimendas de mi madre y su zapatilla volando tras de mí. Una biografía bastante común supongo, ahora que tengo más perspectiva de las cosas, pero en su momento era mi el mundo y me parecía adverso. De ahí supongo que me vienen los recuerdo hostiles de aquellos años, la sensación de lejanía con lo que me rodeaba, y mi desconexión, junto a la fingida y forzada relación que tenía con mi propio medio como modo de supervivencia.
 Fui un niño introspectivo. Apenas comuniqué esta soledad, no tuve con quien hacerlo ni en mi entorno expresó nadie queja alguna que alentase la mía. Aislado viví mi infancia. Aprendí que aquel desastre era el orden. La normalidad en la que parecía que todo discurría me hizo pensar que sólo yo era el inadaptado, el minusválido, y también, que la propia vida era eso, una vida incompleta, recortada y castrante, donde la posibilidad de llegar a completarse era nula. Y me acostumbre a eso, a vivir a medias, restringido y menguado. Traté de creerme que no había más.
Según fui creciendo fue aumentando mi desorientación, rodeándome cada vez de más defensas, de movimientos aprendidos y nada naturales para adaptarme. Ya en mis años de bachiller comencé a pensar que no podía ser real tanta vacuidad e inconsistencia como me rodeaba. Vivía en una insatisfacción profunda que compaginaba con el resto de mis actividades pero que no podía obviar.

Fue precisamente en aquellos días cuando sucedió en mi vida un pequeño y breve acontecimiento, pero que introdujo en mi conciencia la necesidad de buscar esa pieza que debía faltarle al engranaje de mi vida y que la teñía de una insatisfacción gris.

Estudiaba por entonces en un colegio de franciscanos y una mañana de domingo, mientras asistía rutinariamente a la misa, en el instante después de la consagración, mientras el sacerdote levantaba la ostia para exponerla a los asistentes y dicía las palabras tantas veces repetidas: -Éste es el cuerpo de Cristo – me hice como un rayo unas preguntas: ¿Será verdad que eso es el cuerpo de Cristo? ¿Vendrá Dios a ocupar esta forma aplastada y blanca para ayudar a los hombres? ¿Existirá finalmente Dios aun en este mundo sin sentido?

La respuesta parecían dármela la actitud de respeto de todos los mayores, asistentes voluntarios a la misa, no como yo, que lo hacia por la lista de ausentes que nos leía el padre Matías el lunes en clase y por sus pequeñas represalias. Por aquel entonces, cuando apenas tenía 16 años, los mayores representaban todavía la cordura. Su presencia y acuerdo con el acto sembró la duda razonable de que tal vez fuera cierta Su existencia. Entonces una voz desde mi interior me dijo esperanzada: – Y si eso es cierto, ¿Qué haces tú a aquí distrayéndote con nada?- Y aprendí en aquel momento que si existía Dios y era probable, nada era más importante para mí como estar con Él. Supe en aquel momento y de una forma cierta que a Su lado me sentiría de nuevo completo. Y ese descubrimiento recorrió todo mi cuerpo de adolescente como una corriente eléctrica. Comprendí en aquel momento que yo no pertenecía a este mundo y me propuse encontrar la salida.

De mayor he visto llegar al Curso a muchas personas, y la mayoría es por un descalabro importante en su vida, lo mío fue más suave, o tal vez no, de cualquier forma insoportable. Todos tenemos que llegar a ese punto donde la falta de salidas nos haga decir: “tiene que haber otra manera”.

Desde entonces comencé a interesarme por Su existencia y la forma de llegar hasta Él. Lo hice en primer lugar, no podía ser de otra forma, a través de la iglesia católica, pues ahí sentí el primer aguijonazo. Varios años de aprendizaje y de apostolado seglar compusieron estos primeros intentos emocionados de aproximación al Ser. Duraron hasta mediados mis estudios universitarios ya en Madrid. Por entonces fue cuando se frustraron mis esperanzas de encontrarlo. Fueron intensos aquellos años luminosos de esperanza, que como un cirio antiguo ardió encendida hasta que la llama llegó a aquella base de cera teñida roja que anunciaba el final, porque de ese mismo modo finalizó, dejándome en la más absoluta oscuridad.

Ni el propio capellán que acompañaba al grupo supo decirme que me pasaba ni aliviar mi desconcierto ni mi soledad. Pero la pregunta estaba hecha y no habrían de cerrarse las puertas hasta encontrar esa salida, que me había propuesto, sin darme, cuenta años atrás.

De ahí pase al yoga y las filosofías orientales. Un alivio librarme del pecado y sus consecuencias, de la rígida férula de las estructuras católicas, un alivio la libertad aparente de aquellas enseñanzas. Mucho menos duró este periplo, pues supe que estaba metiéndome en otra estructura religiosa, aunque disfrazada de exotismo y modernidad por la lejanía de su procedencia. Algo había aprendido. Los más avanzados miraban hacia oriente y yo seguí la moda. A partir de ahí fue un picoteo de disciplinas las que a continuación me interesaron, prácticamente todas las que en la época se ofrecían iban suscitando mi interés; Meditación transcendental, Reiki, Energía universal… y finalmente el Reberthing. Digo finalmente porque de su mano llego el Curso a España y a mi conocimiento.

Mi interés por el Curso surgió inmediatamente después de conocerlo. Andaba como digo practicando y estudiando el Reberthing, por el año 1.990-1991 cuando me leyeron directamente traducido el inglés los primeros párrafos. Lo utilizaban para apoyar las materias que impartían y como destilado de un perfume fino nos regalaban alguna de sus afirmaciones. Sonaban redondas, acertadas y extrañamente familiares.

Más tarde comenzaron a circular las fotocopias de una traducción apócrifa al castellano y con ellas formamos el primer grupo de estudios al que asistí. Todos nosotros neófitos absolutos, pero entusiastas de aquel material cerrado e incomprensible por entones, pero tan atractivo que sostuvo mi interés.

Con la publicación a finales de 1.992 de la traducción oficial comencé una lectura más consistente y al año siguiente acometí el libro de ejercicios. Rosa Mª Wynn la traductora del Curso al castellano, ha sido y es mi maestra principal. En sus charlas me he apoyado para superar los primeros momentos de estupor mientras trataba de conectar con el contenido de sus páginas. Al contrario que muchos otros estudiantes nunca deje completamente su estudio, si bien tuve temporadas más relajadas, pues lo compaginaba con una extraordinaria dedicación profesional que absorbía gran parte de mi tiempo.

No obstante, debió ser a comienzos del la década del 2.000, cuando sin mediar otra justificación que tal vez la añoranza de los primeros tiempos más conectado con el Curso, empecé a despertarme a media noche completamente lúcido, situación que aproveché para retomar su estudio. Estas lecturas que normalmente comenzaban entre las 2 y 3 de la madrugada, recostado en una esquina del sofá de mi casa y arropadas por el silencio de la noche, dieron una profundidad y sentido extraordinarios a esta nueva fase de estudio. Comencé una compresión más profunda al conectar los diferentes conceptos que sostenía por separado, y fui descubriendo la coherencia que los unía y le daba consistencia.

Podría decir que ese fue mi segundo reencuentro. Duraron aquellas vistas al sofá tres o cuatro años, lo mismo ocurrían en festivos que en días lectivos, leía un par de horas y acababa dormido entre los cojines hasta la hora de levantarme, sin que jamás manifestara cansancio o decaimiento alguno en mi trabajo.

Desde el 2.008, abandonada mi actividad profesional habitual, me dedico íntegramente a su estudio. Al año siguiente me declaré maestro de Dios siguiendo la invitación de la Voz interior y formé un grupo de estudios que continúa actualmente.

 

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